Cómo conduces tu autobús

Actualizado: 3 de may de 2019

“Señor, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia”.

San Francisco de Asis



“Imagínate que eres el conductor de un autobús con muchos pasajeros. Los pasajeros son pensamientos, sentimientos, recuerdos y todas esas cosas que uno tiene en su vida. Es un autobús con una única puerta de entrada, y sólo de entrada. Algunos de los pasajeros son muy desagradables y con una apariencia peligrosa.


Mientras conduces el autobús algunos pasajeros comienzan a amenazarte diciéndote lo que tienes que hacer, dónde tienes que ir, ahora gira a la derecha, ahora vete más rápido, etc., incluso te insultan y desaniman, eres un mal conductor, un fracasado, nadie te quiere… Tú te sientes muy mal y haces casi todo lo que te piden para que se callen, se vayan al fondo del autobús durante un rato y así te dejen conducir tranquilo.

Pero algunos días te cansas de sus amenazas, y quieres echarlos del autobús, pero no puedes y discutes y te enfrentas con ellos. Sin darte cuenta, la primera cosa que has hecho es parar, has dejado de conducir y ahora no estás yendo a ninguna parte. Y además los pasajeros son muy fuertes, resisten y no puedes bajarlos del autobús. Así que resignado vuelves a su asiento y conduces por donde ellos mandan para aplacarlos.


De esta forma, para que no le molesten y no sentirse mal empiezas a hacer todo lo que le dicen y a dirigir el autobús por dónde le dicen para no tener que discutir con ellos ni verlos. Haces lo que te ordenan y cada vez lo haces antes, pensando en sacarlos de tu vida. Muy pronto, casi sin darte cuenta, ellos ni siquiera tendrán que decirle “gire a la izquierda”, sino que girarás a la izquierda para evitar que los pasajeros se echen sobre ti y te amenacen.


Así, sin tardar mucho, empezarás a justificar sus decisiones de modo que casi crees que ellos no están ya en el autobús y convenciéndote de que está llevando el autobús por la única dirección posible. El poder de estos pasajeros se basa en amenazas del tipo “si no haces lo que te decimos, apareceremos y haremos que nos mires, y te sentirás mal”. Pero eso es todo lo que pueden hacer. Es verdad que cuando aparecen estos pasajeros, pensamientos y sentimientos muy negativos, parece que pueden hacer mucho daño, y por eso aceptas el trato y haces lo que le dicen para que le dejen tranquilo y se vayan al final del autobús donde no les puedas ver.


¡Intentando mantener el control de los pasajeros, en realidad has perdido la dirección del autobús! Ellos no giran el volante, ni manejan el acelerador ni el freno, ni deciden dónde parar. El conductor eres tú. Que no decidan los pasajeros por ti."


Y ahora te pregunto ¿Cuantas veces has dejado que conduzcan por ti o dirijan tu autobús? ¿Eres tú siempre el piloto de tu autobús?


Con esta historia quiero invitarte, sobre todo, a que reflexiones en todos aquellos pensamientos automáticos y/o negativos que suelen venir a la cabeza, a veces, de manera más recurrente de la que nos gustaría y que nos acaban nublando y muchas otras veces, hasta nos limitan y nos condicionan en nuestra toma de decisiones.


Estas creencias limitadoras pueden generarnos baja autoestima, ansiedad, nervios e incluso adentrarnos en un bucle de tristeza muy peligroso que nos causa infelicidad ya que estamos pendientes de estos pasajeros sin mirar el camino hacia donde nos dirigimos y sin observar el paisaje o los medios con los que tenemos para afrontar las diferentes situaciones.


Ante estos pensamientos negativos, debes preguntarte ¿Puedes cambiarlo? ¿Realmente ese pensamiento es inalterable? Y sobre todo, ¿Merece la pena invertir todo ese tiempo en estos tipos de pensamientos?


Debemos saber gestionar estos pensamientos y no darles la importancia o inducirnos en bucles que

no van a llevarnos a ninguna parte. Así que, te invito a que reflexiones sobre la metáfora del autobús y preguntarte….


¿Cómo conduces tu autobús? ¿Quiénes son tus pasajeros? ¿Hacia dónde vas?





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