El semáforo en rojo

“No pienso en todas las desgracias, sino en toda la belleza que aún permanece”

Anne Frank

Seguramente habrás escuchado una y mil veces ¿Vaso medio lleno o medio vacío? La verdad es que, relativamente, ni siquiera importa cómo veas el vaso y ¿Sabes por qué? Por qué es una elección. Tu elección.


Quiero explicártelo a través de un ejemplo. Imagínate que, cada vez que vuelves a casa de trabajar con tu coche, acabas todos los días en el mismo cruce. Un cruce en el que hay un semáforo en rojo que, además, dura una eternidad. Eso te cabrea porque, lo único en lo que piensas, en ese momento, es en las ganas que tienes de llegar a casa y poder descansar de un día largo y duro en el trabajo. Y así, siempre. No hay día en el que ese semáforo no esté en rojo cuando llegas.


En cambio, un día cualquiera, tu compañero te ha pedido que lo lleves a casa, ya que, vive justo al lado de la tuya. Y llega el momento de ese cruce, con ese maldito semáforo en rojo, una vez más. En ese instante tu expresión y las palabras que sueltas por la boca maldiciendo a ese semáforo llaman muchísimo la atención de tu compañero. Y este te pregunta qué te pasa con ese semáforo. Y en cuanto le cuentas tu odiosa relación con esa lucecita roja él te dice: ¡Caray! ¿En serio? ¿Pero has visto el paisaje que hay justo a tu derecha?


Y en ese momento, giras tu cabeza y ves un maravilloso parque natural, al que nunca le habías prestado atención. Un paisaje lleno de luces y fuentes de colores que transmiten tanta paz en un lugar tan urbano. Y, de repente, ese semáforo pasa totalmente a un segundo plano.


¿Qué quiero decirte con esto? Pues, como te decía tú eliges cómo ver el vaso. Podemos tener ante nosotros muchísimas cosas que nos puedan generar malestar, estrés, quejas y un sinfín de semáforos que nos detienen y nos hacen ver, únicamente, lo que queremos ver. Pero, de ti depende girar un poco más allá tu perspectiva y ver todo lo que hay a tu alrededor.


Te invito a que, vayas por el camino de la vida por el que vayas, puedas pararte un segundo, un momento y observes. ¿Dónde estás poniendo el foco? ¿Qué estás observando?


Todas las cosas que te suceden en la vida tienen el valor que tú quieras darle. Puedes permanecer toda tu vida obcecado u obcecada con ese semáforo en rojo o, por el contrario, empezar a llenar tu vasito de esos pequeños placeres de la vida y ser quién tú quieras ser.

Y tú ¿Te quedas mirando ese semáforo maldiciendo? O ¿Quieres empezar a abrir tu perspectiva y ver todo lo que hay de bueno en ti y en lo que te rodea?


Te animo a que empieces a descubrir que el poder, reside en ti. Sólo depende única y exclusivamente de ti la manera en la que decides, a partir de hoy, empezar a ver el mundo.

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