El elefante y su anillo de bodas

“Hay que esperar cuando se está desesperado, y andar cuando se espera.”

Gustave Flaubert


“En un remoto lugar de la selva en donde habitaba un joven y hermoso elefante, que estaba en edad de casarse...


Aún no había encontrado una elefanta que le robara el corazón. Sin embargo, una tarde cualquiera, vio a lo lejos un rebaño de elefantes que se acercaba a donde estaba junto con su familia. Dentro del rebaño había una bella elefanta de la que se quedó prendada.


Los dos rebaños se unieron y el elefante comenzó a caminar junto a ella. Empezaron a conversar y pronto se dieron cuenta de que tenían mucho en común. Y así, con el paso de los días, ambos se enamoraron perdidamente. En apenas unos pocos meses le dijeron a los demás que habían tomado la decisión de casarse.


Según nos cuenta esta historia para pensar, los dos rebaños de elefantes se sintieron muy felices. Hacía mucho tiempo que no celebraban una boda y los enamorados hacían una pareja maravillosa. Algunas de las elefantas mayores se emplearon en que los novios tuvieran un hermoso ajuar de bodas. Otras se dispusieron a diseñar el menú para el evento del año.


Los elefantes machos, por su parte, no tardaron en disponerse a construir un gran salón. Allí se haría la boda y el baile reglamentario. Todos asistirían y sería un evento inolvidable. Por aquellos días todo era alegría y el ánimo festivo presidía el de todos los elefantes.

En un abrir y cerrar de ojos, comenzó a aproximarse el día de la boda. El elefante enamorado encargó las alianzas a un amigo suyo, que por otra parte era un excelente joyero. El anillo de bodas fue hecho pacientemente y al final quedó precioso.


Faltaba solo un día para la boda cuando el elefante enamorado recibió la noticia de que los anillos estaban listos. Más se demoró la noticia en llegar a sus orejas que él en ponerse en marcha hacia la joyería de su amigo. Le invadía la curiosidad. Esperaba que todo hubiera quedado perfecto.


Cuando el elefante enamorado vio los anillos, quedó embelesado. Felicitó a su amigo por tan excelente obra de arte. Contento, cargó con los anillos en la trompa y se dispuso a volver a su casa. Ya solamente le faltaba el traje para la ceremonia. Pensaba en eso cuando estaba junto al arroyo.


Tan distraído estaba el elefante que no se fijó en una enorme piedra que había en el camino. Sin saber a qué hora, tropezó y cayó dentro del arroyo. Ocurrió tan de repente que el elefante enamorado solo alcanzó a luchar por incorporarse. Lo logró. Sin embargo, miró hacia su trompa y se dio cuenta de que había perdido uno de los anillos de bodas.


El elefante enamorado cayó en la desesperación. Comenzó a correr paralelo al arroyo en busca del anillo perdido. Escarbaba allí y escarbaba allá, pero todo era inútil. Un objeto tan pequeño era muy difícil de encontrar. Cuanto más exploraba en el arroyo, más perdida parecía la joya y más desesperación se dibujaba en el semblante de nuestro elefante.


Un búho, curioso, había observado parte de la escena. “¡Cálmate!”, le dijo. Pero el elefante no podía oír nada. Estaba tan nervioso, sentía tal ansiedad, que no era capaz de escuchar, solo podía pensar en que no daría tiempo a hacer un anillo nuevo, y que su novia se disgustaría muchísimo al enterarse de lo que había pasado.


Entonces, el búho aterrizó sobre el elefante y le volvió a decir: – ¡Para! ¡Tranquilízate!

Y el elefante se dio cuenta de que el búho le estaba hablando. Y decidió escuchar, porque sabía que el búho era uno de los animales más sabios del lugar.

– Estás tan nervioso que no dejas de excavar en la arena. Levantas tierra y ésta enturbia el agua- dijo el búho-. Lo que tienes que hacer es quedarte quieto, muy quieto, esperar y observar.

El elefante hizo lo que el búho le dijo. Al fin se tranquilizó, y la tierra comenzó a depositarse en el fondo del río. El agua se calmó y algo en el fondo comenzó a brillar con nitidez. ¡Era el anillo de boda! – ¡Oh, muchas gracias, búho! ¡Muchísimas gracias por tu consejo!- dijo emocionado el elefante.


La boda se pudo celebrar, sin más sobresaltos. El búho hizo de padrino de honor y los elefantes se dieron el sí quiero, alianzas incluidas,  ante la emoción y felicidad del resto. Y el elefante, por su parte, aprendió una sabia lección."

Cuando las aguas turbias no te dejen ver el fondo del río, no te muevas: espera a que la tierra se pose y el agua vuelva a mostrarse cristalina.

¿Qué te ha parecido este cuento? Con él, quiero enseñarte que, al igual que el elefante, en más de una ocasión nos sentimos en el mismo estado. Nos dejamos embaucar por los nervios dejando totalmente a un lado la calma, la serenidad y la paciencia. Estos tres valores son los encargados de transmitirnos aquello que necesitamos a la hora de encontrar una solución. Nos ayudan a tomar decisiones de manera más elocuente y nos abre a muchas más posibilidades.


A veces, nos cegamos de tal manera con los nervios que no vemos más allá de lo que tenemos delante. En momentos de ansiedad, de confusión o de nervios, debes aprender a esperar. Debes tomarte un tiempo para despejar la mente que se nubla a causa del estado en el que te encuentras y no debes dejarte llevar por los impulsos.


De esta manera, igual que el elefante, si no gestionamos bien la emoción y nos dejamos llevar por el estado ansioso, no veremos nada con claridad y podemos llegar a empeorar la situación.


¿Qué debo hacer en un momento o una situación así? A veces, la solución más sencilla es la correcta.


  1. Como primer paso, debes conectar con la calma, paciencia y, como te he comentado, esperar. No hay mejor truco que darle al -pausa-. Espera a que la emoción deje de palpitar tan fuerte y permítete ir aclarando tu mente poco a poco hasta llegar a un estado de serenidad y tranquilidad.

  2. Otra opción a añadir, se trata de estar en un estado receptivo. A veces, estamos rodeados de búhos a quienes no escuchamos a causa de la ceguera por el estado nervioso en el que nos encontramos. La perspectiva de nuestro entorno, de los demás, nos puede ayudar a tener una visión más objetiva. Pedir ayuda nunca está de más.


¿Cómo gestionas tus nervios? ¿Cuándo te encuentras en estados ansiosos reaccionas como el elefante? ¿O paras y esperas a que se te active el búho que llevas dentro?

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