(Mi) Paquete de Galletas

“Hay armas que son simplemente pensamientos. Los prejuicios pueden matar y la sospecha puede destruir.”

Rod Serling


“Había una vez una señora que debía viajar en tren.


Cuando la señora llegó a la estación, le informaron de que su tren se retrasaría aproximadamente una hora. Un poco fastidiada, se compró una revista, un paquete de galletas y una botella de agua. Buscó un banco en el andén central y se sentó, preparada para la espera.


Mientras ojeaba la revista, un joven se sentó a su lado y comenzó a leer un diario. De pronto, sin decir una sola palabra, estiró la mano, tomó el paquete de galletas, lo abrió y comenzó a comer. La señora se molestó un poco; no quería ser grosera pero tampoco hacer de cuenta que nada había pasado. Así que, con un gesto exagerado, tomó el paquete, sacó una galleta y se la comió mirando fijamente al joven.


Como respuesta, el joven tomó otra galleta y, mirando a la señora a los ojos y sonriendo, se la llevó a la boca. Ya enojada, ella cogió otra galleta y, con ostensibles señales de fastidio, se la comió mirándolo fijamente.


El diálogo de miradas y sonrisas continuó entre galleta y galleta. La señora estaba cada vez más irritada, y el muchacho cada vez más sonriente. Finalmente, ella se dio cuenta de que sólo quedaba una galleta, y pensó: "No podrá ser tan caradura" mientras miraba alternativamente al joven y al paquete. Con mucha calma el joven alargó la mano, tomó la galleta y la partió en dos. Con un gesto amable, le ofreció la mitad a su compañera de banco.


-¡Gracias! -dijo ella tomando con rudeza el trozo de galleta.


-De nada -contestó el joven sonriendo, mientras comía su mitad.


Entonces el tren anunció su partida. La señora se levantó furiosa del banco y subió a su vagón. Desde la ventanilla, vio al muchacho todavía sentado en el andén y pensó:


"¡Qué insolente y mal educado! ¡Qué será de nuestro mundo!" De pronto sintió la boca reseca por el disgusto.

Abrió su bolso para sacar la botella de agua y se quedó estupefacta cuando encontró allí su paquete de galletas intacto.”


¿Te ha resonado algo al leer esta historia? ¿Te has sentido identificada con alguno de los personajes?


¿Cuántas veces has actuado como la mujer? ¿Cuantas veces te han tratado como al joven y no entendías el por qué?

Los prejuicios están muy presentes en nuestro día a día. Tenemos la tendencia de etiquetar todo aquello que vemos, de darle nombre, encontrar un sentido y, normalmente, el sentido que más nos convenga y de manera totalmente subjetiva. Nos basamos en experiencias previas.


Los prejuicios son procesos de formaciones que nos hacemos ante un concepto o juicio sobre algo o alguien de manera anticipada. Puede ser ante una persona, un objeto o una idea. Se trata de una actividad mental que de manera inconsciente nos distorsiona la percepción de la realidad.


Muchos de estos prejuicios, son consecuencia de la desconfianza, del escepticismo entre otros factores que nos nublan la realidad. Intentamos valorar todo bajo nuestra mirada y, muchas veces, nos perdemos la oportunidad de ver el mundo desde los ojos de la otra persona o tal y como es. Solemos juzgar a las personas como la mujer de la historia. ¿Qué hubiese pasado si desde un primer momento, se hubiese parado a pensar en lo que realmente estaba pasando? De primeras ya ha tomado una decisión sin conocer al joven valorando erróneamente al otro.


Realmente, el cerebro está preparado para analizar, etiquetar y crearse ideas preconcebidas. La mayoría de veces, ¡es inevitable! Por ejemplo:


Vemos unas gafas en el suelo. Simplemente están ahí, tiradas en el suelo.


Primero etiquetaremos su color, su forma, imaginaremos la textura que tiene y todo ello en milésimas de segundo y de manera inconsciente.

Seguramente, tu cerebro ha intentado ya crear una historia del por qué están esas gafas ahí, de quién podían ser, qué hacen en el suelo… tu cabeza ya se ha “inventado” un suceso relativamente razonable según tu juicio para crear un sentido a aquel objeto porqué siempre necesitamos respuestas y necesitamos crearnos un “pequeño escudo” en forma de prejuicio para prepararnos antes de lo que aquello pueda ser o nos pueda pasar.


Yo te invito a que veas el mundo desde otra perspectiva. Ante cualquier situación que puedas vivir con la otra persona. Reflexiona. Piensa. ¿Qué pasa por su cabeza? ¿Qué siente? Te invito a que prestes atención a lo que realmente tienes delante para ver las cosas como realmente son.


En cada paquete de galletas, hay mil sabores, mil texturas, mil posibilidades. Simplemente se trata de saber que cada uno tiene su propio paquete, su propia experiencia y se trata de coger una galleta y parar a observarla, degustarla poco a poco y saber qué sabor tiene para ti, qué sabor tiene para el otro. Mira el mundo como si fuese la primera vez que lo estás viendo. Te invito a que observes todo desde la curiosidad y no desde el prejuicio. Mente limpia y a ver qué pasa.


Si quieres, a partir de ahora en cualquier situación, colócate en el lugar del otro, intenta ponerte en su lugar, en saber cómo piensa y por qué hace lo que hace. Mira el conflicto cómo lo ve la otra persona y entenderás mucha gran parte de la situación. Aplícalo en todo y ¡me cuentas!


Y tú, cuando juzgas, realmente ¿a quién estás juzgando? ¿De dónde salen tus prejuicios? ¿Cuál o quién es o ha sido tu paquete de galletas?

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