Tengo una vaca lechera

"La comodidad y el conformismo son enemigos de la pasión, del crecimiento, de los sueños."

Bernardo Stamateas



“Un maestro samurai paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar.


Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de realizar visitas, conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que obtenemos de estas experiencias.


Llegando al lugar constató la pobreza del sitio: los habitantes, una pareja y tres hijos, vestidos con ropas sucias, rasgadas y sin calzado; la casa, poco más que un cobertizo de madera...

Se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:


“En este lugar donde no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen para sobrevivir? El señor respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaca que da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.”


El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, se despidió y se fue. A mitad de camino, se volvió hacia su discípulo y le ordenó: “Busca la vaca, llévala al precipicio que hay allá enfrente y empújala por el barranco.”


El joven, espantado, miró al maestro y le respondió que la vaca era el único medio de subsistencia de aquella familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo cabizbajo fue a cumplir la orden.


Empujó la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante muchos años.


Un bello día, el joven agobiado por la culpa decidió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos.


Así lo hizo. A medida que se aproximaba al lugar, veía todo muy bonito, árboles floridos, una bonita casa con un coche en la puerta y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir.

Aceleró el paso y fue recibido por un hombre muy simpático.


El joven preguntó por la familia que vivía allí hacia unos cuatro años. El señor le respondió que seguían viviendo allí. Espantado, el joven entró corriendo en la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacia algunos años con el maestro.


Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaca): “¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?” El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.”


¿Cuantas vacas tenemos en nuestra vida?


Solemos tener cierta dependencia hacia personas, situaciones y cosas que, a corto plazo, nos hacen salir del paso como buenamente podemos pero ¿A largo plazo funciona?


En la mayoría de veces, esas “vacas” nos sacan del apuro pero a la vez, no nos permiten avanzar y eso conlleva a conformarnos de alguna manera. Más bien a acomodarnos. ¿Cuántas veces has pensado –mejor esto que nada-? O ¿Más vale malo conocido que bueno por conocer?


A veces, nos aferramos a aquello que realmente nos produce un beneficio, por muy mínimo que sea, pero ya sea por el miedo o la comodidad te acabas conformando sin saber todo aquello que podrías llegar a ser y todo lo que pierdes al otro lado del miedo.

Desde ese trabajo que ya no soportas pero aguantas, esa pareja por la que ya no sientes lo mismo pero no das el paso…y así, infinidades de vacas, que hacen que acabes conformándote o, como he comentado, que el miedo te paralice y te acaba estancando.


¿Cuáles son tus vacas? ¿Qué hace que te estanques y no des el paso a mejorar tu vida?

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