¿Es normal no tener deseo a veces (o durante una etapa larga)?
Sí, es completamente normal. El deseo sexual no es constante, lineal ni automático, aunque culturalmente se nos haya transmitido la idea de que “debería” estar siempre disponible, especialmente dentro de una relación de pareja. En realidad, el deseo es un fenómeno complejo que depende de múltiples factores emocionales, relacionales, corporales y contextuales.
El deseo no aparece en el vacío. Se ve profundamente influido por el estrés, el cansancio físico y mental, la carga laboral o familiar, la autoexigencia, el estado emocional, la relación con el propio cuerpo, la historia personal y la calidad del vínculo con la pareja. Cuando el cuerpo está en modo supervivencia, alerta o agotamiento, el deseo suele disminuir como una respuesta adaptativa, no como un fallo.
Además, muchas personas viven el deseo desde una lógica de exigencia: “tendría que tener ganas”, “algo me pasa”, “antes no era así”. Esta presión suele generar justo el efecto contrario: más bloqueo, más desconexión y más distancia con el propio cuerpo. El deseo no responde bien a la obligación, sino a la seguridad, el permiso y la escucha.
En muchas ocasiones, la falta de deseo no tiene que ver con “no querer sexo”, sino con:
Falta de espacio propio
Desconexión emocional en la relación
Dificultad para poner límites
Vivir el sexo como una obligación
Haber aprendido a priorizar al otro antes que a una misma
Conflictos no resueltos dentro de la pareja
Una relación tensa con el propio cuerpo
Por eso, trabajar el deseo en terapia no significa “forzarlo” ni recuperarlo tal y como era antes, sino comprender qué está ocurriendo ahora, qué necesita el cuerpo en este momento vital y qué mensajes está intentando transmitir. A veces, el deseo no se ha perdido: simplemente está pidiendo otras condiciones para aparecer.
Cuando se deja de mirar el deseo como un problema y se empieza a escucharlo como una señal, suele convertirse en una puerta de autoconocimiento, cuidado y cambio profundo, tanto a nivel individual como relacional.

