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Relatos eróticos

Público·1 miembro

La habitación donde volví a habitarme

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No recuerdo exactamente cuándo dejé de mirarme. No hablo del espejo —ese seguía devolviéndome una imagen correcta, funcional—, sino de ese otro mirar que nace por dentro y baja despacio, sin prisa, reconociendo el cuerpo como territorio propio.


Fue una tarde cualquiera. Llovía con esa lluvia fina que no parece importante hasta que empapa. La casa estaba en silencio, ese silencio que no pesa, que acompaña. Él trabajaba en la habitación contigua, la puerta entreabierta, su presencia sin invadir.


Yo me quedé en el dormitorio, sentada en la cama, con una libreta antigua entre las manos. No era un libro erótico. Eran cartas. Cartas que había escrito yo misma hacía años, en otra vida, en otro cuerpo. Palabras que hablaban de deseo, de hambre, de piel. Palabras que había olvidado que eran mías.

Empecé a leerlas sin intención. Y algo se abrió.

No fue un golpe. Fue una rendija. Una…


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Historia de un relato


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Hasta el día en que este relato cayó en mis manos nunca hubiera imaginado que pudiera excitarme tanto con la lectura erótica, ni tan siquiera me había planteado nunca leer algún libro sobre el tema y por supuesto siempre consideré que mí vida sexual la tenía resuelta con las típicas noches de sábados y alguna que otra noche esporádica y desde luego, sin ayuda de la lectura.


Pero una mañana, rebuscando entre unos papeles de mí marido, encontré el relato en cuestión. Al principio no le di mucha importancia y me lo llevé para el salón para leerlo más tarde, aunque tengo que reconocer que pasé parte del día pensando como sería un relato erótico e imaginando cosas. Llegada ya la noche y estando los dos le pregunté de qué iba aquel libro, me contestó que era un simple relato erótico y que se lo habían dejado. Creo que se…


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Tentación


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Eva llegó a la puerta de su edificio cargada de bolsas. Hubiera traído un carro del supermercado, como había visto hacer a algunas vecinas, pero a ella le parecía mal, así que las llevó con la mano. Se paró en la puerta del portal mientras sacaba las llaves del bolso, dejó la puerta abierta y trató de mantenerla así mientras hacía de nuevo el grupo de bolsas con la otra mano. Subió los tres escalones que la separaban del ascensor; el portal no era demasiado grande, pero hacía su función.


Se sobresaltó al ver junto a los buzones al chico del quinto. Tenía unos veinte años, moreno, de facciones agradables, pero no hablaba mucho. A pesar de haberse cruzado varias veces en el portal, nunca habían intercambiado más que un “hola” amable y poco sentido. Ese momento no iba a ser menos.


-Hola.

-Hola —contestó él con una sonrisa, para…


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El beso


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Una brisa entró por la ventana y el suave roce de las cortinas me despertó de mi sueño. Estaba en mi cama, desnuda y sola, tumbada boca abajo. Observé mi cuerpo reflejado en el gran espejo de la habitación, mi contorno desnudo sobre las sábanas blancas, desperezándome en el amanecer.

Aquella brisa que había invadido la habitación cargándola de calor hizo que una extraña sensación se apoderara de mí. Alguien retiraba mi cabello suavemente mientras yo aún seguía postrada sobre la cama. Sentí un beso sobre mi pelo, su aliento entre mi cabello. Aquel beso me estremeció, siguió despacio por mi nuca y bajó por mi cuello, su lengua buscando el sabor de mi piel. Aunque no podía moverme, conseguí mirar hacia el espejo. Allí estaba yo, sola con mi desnudez.


Cerré los ojos. Aquel beso seguía el curso de mi cuerpo por la espalda, deteniéndose en cada poro. No…


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Intuición femenina


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El aroma de su colonia… Ese detalle es el que me puso alerta. Un perfume, ese toque que ellos olvidan pero que yo percibí. Sabía que alguien llevaba uno igual y no me di cuenta hasta el día en que invitamos a nuestros vecinos a cenar.

Cuando ella se acercó a mí e intuí el por què de los cambios que había notado en mi marido últimamente… esos pequeños detalles que van perfilando a una persona nueva, esas sutiles que suceden día tras día y que acaban provocando un cambio radical.

Entonces empecé mi persecución, observándoles en cada detalle de la cena, esas sonrisas tan ajenas, tan aparentemente inocentes, pero que tenían de trasfondo algo más; las miradas que se cruzaban, esos detalles de los que ellos no se daban cuenta y yo percibía. La noche no era más que una cena entre amigos, aparentemente, pero a medida que transcurría…


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