Carta la niƱa que fui
- Irene GutiƩrrez Coranti
- 22 jun
- 2 Min. de lectura

No sĆ© cómo empezar esto sin que se me haga un nudo en la garganta. Solo sĆ© que tenĆa que escribirte. Que ya es hora de mirarte de frente, no como una parte rota que quiero olvidar, sino como lo que realmente eres: mi raĆz mĆ”s viva. La mĆ”s valiente. La mĆ”s olvidada.
SĆ© lo que cargaste. Lo que callaste. SĆ© cómo te esforzabas por ser perfecta, buena, lista, Ćŗtil⦠esperando que en algĆŗn momento llegara el aplauso, la mirada, el abrazo, el āahora sĆ, asĆ te quieroā. Pero muchas veces no llegó. Y tĆŗ pensaste que era por ti. Que no eras suficiente. Que faltaba algo. Que si te ajustabas mĆ”s, si te contenĆas mĆ”s, si dabas mĆ”s⦠entonces te ganarĆas el lugar.
Lo intentaste todo. Y no te diste por vencida.
Te veo ahora, chiquita, haciendo malabares emocionales para que no se enfadaran contigo, para que nadie se fuera, para no decepcionar, para no ser "demasiado" ni "muy poco". Y me parte el alma. Porque no era tu responsabilidad. Nunca lo fue.
TĆŗ solo querĆas amor. Un amor que no doliera. Que no dependiera de tu rendimiento, de tu silencio o de cuĆ”nto te esforzabas por no molestar. Solo querĆas sentir que eras valiosa por existir, por ser tĆŗ, con tus miedos, tus preguntas, tus ganas de jugar y tus lĆ”grimas sin filtro.
Y aunque no te lo dijeron, tĆŗ eras suficiente desde el principio.
Y aunque nadie te defendió a veces, tú te salvaste sola tantas veces.
Y aunque aprendiste a exigirte antes que a abrazarte, tĆŗ sobreviviste a un mundo que muchas veces no supo cuidarte como merecĆas.
Hoy te miro y te pido perdón por cada vez que repetĆ dentro de mĆ lo mismo que tĆŗ oĆste de fuera. Por cada vez que te exigĆ mĆ”s, que no te dejĆ© descansar, que te dije en silencio: āno es suficiente aĆŗnā.
Perdón por no haberte abrazado antes. Por no haber parado todo para decirte que lo hiciste bien. Que lo hiciste lo mejor que pudiste. Que con todo lo que viviste, haber seguido amando, confiando, soñando, es un milagro.
Hoy quiero decirte que puedes soltar los hombros. Que no tienes que demostrar nada. Que no necesitas ganarte ningĆŗn lugar. Que ya no estĆ”s sola. Estoy aquĆ. Con todo lo que he aprendido, con todo lo que aĆŗn me duele, pero mĆ”s fuerte que nunca, para sostenerte.
Ya no necesito que seas perfecta para que te quieran. Porque yo te quiero tal cual eres. Incluso cuando tiemblas, incluso cuando dudas, incluso cuando lloras en silencio.
Gracias por resistir. Gracias por quedarte. Gracias por no haberte rendido.
Ahora es mi turno de cuidarte a ti.
Con todo mi amor,
Tu yo de hoy.