La duda como anestesia del trauma
- Irene Coranti Gutiérrez

- 11 ene
- 4 Min. de lectura
Cuando lo vivido fue demasiado

En la práctica clínica con personas que han sufrido trauma sexual, es frecuente observar un fenómeno psicológico profundamente desconcertante: la duda persistente acerca de la veracidad del propio recuerdo traumático. Estas personas pueden expresar pensamientos como “a veces siento que no ocurrió”, “quizá lo exageré” o incluso “tal vez me lo inventé”. Lejos de constituir un indicador de falsedad del relato o de fabulación, este fenómeno responde a mecanismos adaptativos de supervivencia propios del trauma complejo.
Desde la psicología especializada en trauma, esta experiencia se comprende como el resultado de la interacción entre memoria traumática, disociación y regulación del sistema nervioso, más que como un problema de credibilidad o consistencia narrativa.
Trauma, memoria y desbordamiento neurofisiológico
El trauma sexual suele producirse en contextos de intensa amenaza, donde la persona se encuentra atrapada, sin posibilidad de huida ni defensa eficaz. En estas condiciones, el sistema nervioso autónomo activa respuestas de supervivencia extremas (lucha, huida, congelación o colapso), priorizando la preservación de la vida frente a la integración consciente de la experiencia.
Tal como describe El cuerpo lleva la cuenta, cuando una experiencia supera la capacidad de afrontamiento del organismo, el cerebro no procesa el acontecimiento como una memoria autobiográfica integrada, sino que lo almacena de forma fragmentada y sensorial, desligada del lenguaje y de la narrativa temporal.
Esto implica que el recuerdo puede quedar disociado de la conciencia explícita, manifestándose posteriormente a través de síntomas corporales, emocionales o relacionales, más que como un recuerdo claro y lineal.
Disociación: función protectora, no patología
La disociación es uno de los principales mecanismos implicados en esta vivencia de irrealidad. Lejos de ser un fallo del sistema psicológico, la disociación constituye una estrategia adaptativa que permite a la persona alejarse mentalmente de una experiencia intolerable cuando no existe otra vía de escape.
En el contexto del trauma sexual, la disociación puede afectar tanto a la percepción corporal como a la memoria, generando fenómenos como:
Sensación de irrealidad o extrañamiento respecto a lo vivido
Vacíos mnésicos parciales o totales
Dificultad para acceder a emociones asociadas al evento
Desconexión entre el recuerdo y la vivencia emocional
Como consecuencia, la persona puede llegar a cuestionar la autenticidad del propio trauma, ya que la ausencia de un recuerdo coherente entra en conflicto con la expectativa social y personal de “recordar para que sea real”.
La duda como mecanismo de regulación emocional
Uno de los aspectos más relevantes es comprender que la duda sobre lo ocurrido cumple una función reguladora. Cuestionar la realidad del trauma permite mantener a distancia emociones que, de emerger de forma plena, resultarían abrumadoras: terror, vergüenza, rabia, asco o desamparo profundo.
Desde esta perspectiva, la negación parcial o la minimización no constituyen una resistencia consciente, sino una forma de protección psíquica frente a un sufrimiento que el sistema aún no está preparado para sostener. La mente prefiere dudar antes que revivir.
Aportaciones desde el modelo Internal Family Systems (IFS)
El modelo Internal Family Systems (IFS) aporta una comprensión especialmente valiosa de este fenómeno. Según Internal Family Systems Therapy, la psique está organizada en partes con funciones específicas orientadas a la supervivencia. En personas con trauma sexual, es frecuente la activación de partes protectoras cuya función es cuestionar, minimizar o poner en duda el recuerdo traumático.
Estas partes no niegan el trauma por falta de veracidad, sino porque intentan evitar el contacto con partes exiliadas que contienen el dolor, el terror y la vulnerabilidad extrema asociadas al abuso. Desde IFS, la frase “quizá me lo inventé” puede entenderse como la voz de una parte protectora que intenta preservar la estabilidad del sistema interno.
El cuerpo recuerda cuando la mente duda
Una de las paradojas clínicas más relevantes es que, mientras la mente duda, el cuerpo recuerda. Reacciones de hipervigilancia, bloqueos sexuales, respuestas de congelación, rechazo al contacto, somatizaciones o reacciones emocionales intensas ante estímulos aparentemente neutros evidencian que la experiencia traumática permanece activa a nivel implícito.
Tal como señala Van der Kolk, el cuerpo conserva la memoria del trauma incluso cuando la narrativa consciente está fragmentada o ausente. Esta disociación entre cuerpo y relato es, precisamente, uno de los núcleos del sufrimiento traumático.
Implicaciones terapéuticas
Desde una perspectiva clínica especializada, el objetivo terapéutico no es forzar el recuerdo ni exigir coherencia narrativa, sino crear condiciones de seguridad suficiente para que la experiencia pueda ir integrándose de forma progresiva. Esto implica:
Respetar los ritmos del sistema nervioso
Validar la duda como parte del proceso traumático
Trabajar desde el cuerpo y la regulación emocional
Abordar las partes protectoras con curiosidad y no confrontación
La integración del trauma no se produce a través de la memoria explícita únicamente, sino mediante la reconexión segura con la experiencia corporal, emocional y relacional.
La sensación de que un trauma sexual “quizás no ocurrió” no es un indicador de falsedad, sino una huella profunda del impacto traumático. Es la expresión de un sistema que, ante lo insoportable, eligió sobrevivir antes que recordar. Comprender este fenómeno desde una mirada neurobiológica y relacional permite despatologizar la duda, reducir la culpa y abrir un camino terapéutico basado en la compasión y la integración progresiva.
Referencias
Van der Kolk, B. (2015). El cuerpo lleva la cuenta: Cerebro, mente y cuerpo en la superación del trauma. Barcelona: Eleftheria.
Schwartz, R. C., & Sweezy, M. (2020). Internal Family Systems Therapy (2nd ed.). New York: Guilford Press.
Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2006). Trauma and the Body: A Sensorimotor Approach to Psychotherapy. New York: W. W. Norton & Company.
Siegel, D. J. (2012). The Developing Mind (2nd ed.). New York: Guilford Press.





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