Por favor, Sufre.

Actualizado: 25 de abr de 2019

“Sabed sufrir: sabiendo sufrir, se sufre menos.”

Anatole France

Des de hace muchos años, en distintas ramas de la psicología se ha clasificado a las emociones en dos categorías; positivas, como la alegría, y negativas, como la tristeza. Pues bien, ¿Quién ha dicho que las emociones tienen connotaciones positivas y/o negativas? ¿Hay emociones buenas y malas? ¿Está prohibido sentir?


No podemos dividir las emociones de una manera tan simplificada y determinista como buenas o malas, positivas o negativas. Las emociones son necesarias e indispensables.


La sociedad se sujeta en extremo de la positividad e intenta camuflar y hasta incluso esconder todo aquello que cree que perjudica al individuo llamando así a las emociones como "negativas", pero así cometemos el error de generar tabús frente a la problemática, y caemos en el riesgo de limitarnos, de no permitirnos sentir y acumular malas gestiones de emociones que conllevan a la frustración y a una contención insana, que sólo nos puede provocar estallar un día u otro.


Des de bien pequeños se nos ha enseñado a que debemos “ser fuertes”, a no llorar, a no permitirnos caer, a mantenernos siempre con la cabeza bien alta y sin darnos la oportunidad de equivocarnos, no se nos permite el error. Nos han inculcado que la tristeza es un sentimiento malo/negativo, en resumen, nos dicen que el sufrimiento debe evitarse. Parece que sufrir está prohibido y se nos llena de mensajes continuos cómo “sonríe, no llores” “no sufras, no merece la pena” “no estés triste” Con esto no quiero decir que incrementemos esas sensaciones o las autoalimentemos ¡Ni mucho menos! Pero sí que es cierto que debemos evitar la tendencia frente a una situación “complicada” a no permitirnos sentir y a decirnos tanto a nosotros mismos como a quienes nos rodean: “todo pasa, no te preocupes” “no llores, no merece la pena” y la mayoría de veces, sí merece la pena y hasta es necesario para aceptar ese momento, esa situación y poder gestionar la emoción.


Las personas tenemos emociones y sentimientos en función de la situación que vivimos y éstas nos alertan, nos enseñan y nos indican que hay algo que se nos remueve dentro. Y sobre todo, debemos entender estas emociones des de una experiencia subjetiva e individual y por ende, debemos permitir que el otro se sienta enfadado en ese momento, que sienta tristeza, que llore... La emoción que sentimos o que el otro siente en ese momento no debe ocultarse, sino que, debemos escucharla, aceptarla y poder gestionarla viviéndola des de una escucha activa hacia uno mismo y hacia el otro.


Cada emoción es un alertador de algo, nos indica que se está produciendo un cambio en nuestro interior y esta emoción nos quiere advertir, ya sea a través de la alegría, de la rabia, de la tristeza…sea cual sea la emoción, nos comunica a través de una lágrima, de una sonrisa, de una mueca que hay algo que está ahí, que nos afecta, o nos influye y que, por encima de todo, debemos aceptar para así poder gestionarla y vivirla de una manera sana.


Una vez entendamos qué emoción sentimos, podremos identificarla, regularla y aceptarla des de la consciencia y desde la realidad. No te prohíbas sentir, no te limites, déjate experimentar cualquier tipo de emoción (sea "buena" o "mala") simplemente, siéntela y acéptala.


No hay nada de malo en llorar, no hay nada de malo en sentir.


Aquí tienes unos ejemplos de lo que llamamos un diario emocional en psicología, para que puedas gestionar, identificar y permitirte sentir emociones y así poder experimentarlas des de la racionalidad y fortaleza:




Espero que te pueda ser útil y por favor, permítete sufrir, sentir y en definitiva; vivir.


Y ahora ¿Cómo vas a vivir las emociones?

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