Yo ¿Controlo?

“Los intentos de superar esa dualidad, de domesticar lo díscolo y domeñar lo que no tiene freno, de hacer previsible lo incognoscible y de encadenar lo errante son la sentencia de muerte del amor".

Zygmunt Bauman


Al tratarse de emociones, no he parado de ver artículos, vídeos, tips y muchísimas otras fuentes posibles que puedas imaginarte con títulos tales como:


“Cómo controlar tus emociones”

Controla tus emociones y te sentirás mejor”

“Beneficios de controlar tus emociones”

“Técnicas de control emocional”

“Aprende a controlar lo que sientes”

Controla tu rabia”


Cuantas veces has pensado o has comentado directamente “Quiero controlar mi rabia” “Quiero controlar todo esto que estoy sintiendo” "Me encantaría poder controlar mis emociones"...


Pues bien, cada cual tiene su método, su tipología de trabajo y su manera de actuar frente a las distintas e infinidades psicoterapias que existen pero, desde mi punto de vista, una emoción jamás debe ser controlada: más bien, aprendamos a gestionarlas pero siempre dándoles espacio e intentando conectar con lo que es la emoción.


¿Qué se esconde bajo esa necesidad de control? ¿Qué pasa cuando una situación no depende de ti y no tienes el control?


Cuando suceden estas situaciones o similares, estamos hablando de la temible incertidumbre. Como dice la canción ¿Qué pasará? ¿Qué misterio habrá?


Ante situaciones en las que no sabemos aquello que puede llegar a pasar, aparece esta incertidumbre. Lo más curioso es que literalmente este concepto se define como “Falta de seguridad, de confianza o de certeza sobre algo, especialmente cuando crea inquietud.” Se trata de situaciones que suelen generar cierta inseguridad y que crean malestar activando la necesidad del control.


¿Es posible dejar de controlar?


Esta necesidad nace, mayoritariamente, del miedo. Aquí es donde entra en juego intentar controlar aquellas situaciones bajo las que existe un miedo detrás. Y digo intentar, no de manera gratuita, ya que precisamente se trata de eso, de un intento. La incertidumbre, aquello que no conocemos, lo que puede llegar a pasar…son factores que activan esta emoción como es la del miedo de manera consciente o inconsciente.


Por tanto, si intentamos responder a la pregunta de si existe una posibilidad de dejar de controlar, debemos primero saber y entender que no todo depende de nosotros y no podemos tener siempre la sartén por el mango. Por tanto, hay un trabajo de aceptación detrás importante, pero, sí que es posible.


Aunque, ya sabemos que no existe un botoncito mágico dónde poder encender o apagar las emociones cada vez que nos venga en gana. ¿Estaría bien, eh? Sintiéndolo mucho, la amígdala no nos funciona de esa manera y ¡sus motivos tiene! ya que, como en otros post os he comentado, las emociones tienen una función evolutiva y tienen un papel fundamental.


No siempre puedes hacer -algo -respecto a una situación o circunstancia, muchas veces, no todo depende de ti.

¿Te acuerdas del post –La isla de las Emociones-? ¿De quién dependía salvarse?


Te invito a que te hagas estas preguntas antes de intentar controlar una situación. ¿Aquello que harás va a reducir tu sufrimiento? ¿Qué intentas evitar controlando? ¿Qué sensaciones aparecen al no controlar y simplemente sentir? ¿Es necesario controlar?


Y sobre todo, ¿Tienes el deber de hacer algo respecto a esta situación?


Como decía la definición, la incertidumbre es una falta de seguridad. Y es esta inseguridad la que estás realzando cuando intentas controlar todo aquello que está pasando a tu alrededor. De esta manera, se entra en un bucle muy difícil de salir ya que generas una falsa creencia pensando –voy a poder con todo- ¿No es invertir muchísima energía? Este control, ¿Te genera bienestar o ansiedad?


¿Cómo puedo evitar esta necesidad de controlarlo todo?


Primero, tengo que decir que la evitación es muy contraproducente. Es como si ahora mismo te digo: No quiero que pienses en un elefante rosa. ¿En qué has pensado? Pues ahí lo tienes. El cerebro, normalmente no entiende la negación y en este caso, es lo mismo. Cuanto más intentes no preocuparte, más puede aumentar tu ansiedad y malestar.


Vamos a poner diferentes ejemplos, de los que tanto me gustan, para así detectar qué puedes hacer cuando te encuentres en una situación similar.


- Si mi pareja conoce a otra persona, ¿Qué voy a hacer? ¿Y si me deja?

- Mañana tengo una entrevista ¿Y si no les gusto?

- Voy a conocer a gente nueva ¿Y si no les caigo bien?

- Voy a organizar una súper fiesta ¿Vendrá todo el mundo? ¿Y si no vienen?

- Quiero mudarme a esa casa ¿los vecinos van a caerme bien? ¿y yo a ellos?

- …


Podría poner una larga lista de preocupaciones diarias o no tan cotidianas con las que nos enfrentamos a la incertidumbre y al no saber qué puede pasar.


Mi propuesta es que cada vez que te aparezca una situación similar y tengas la necesidad de controlar todo aquello que, posiblemente no puedas manejar y aparezcan pensamientos recurrentes, pregúntate:


¿Depende de mí esta preocupación? ¿Qué miedo tengo realmente? ¿De dónde nace? ¿Qué puedo hacer realmente que esté en mis manos?


Así, aprenderás a gestionar las situaciones que puedan presentarse y te generen inseguridad y podrás a la vez gestionar el miedo que se esconde detrás.


Y tú ¿Controlas o gestionas? ¿Cuál es tu miedo oculto bajo la capa del control?

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