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Hojas de sombra

Escribir es sanador

"Escribir es la manera más profunda de leer la vida"

Francisco Umbral




Escribir es terapéutico, es sanador. ¿Sabías que al escribir se activan muchísimas más conexiones neuronales que cuando hablamos? Es increíble el poder que tiene un simple bolígrafo y papel. No, no hablo de un teclado, aunque por supuesto también puede ser sanador. Pero soy muy analógica y de la vieja escuela.


Siempre me ha gustado escribir. Me evade del mundo y me conecta conmigo misma. Es una mirada hacia dentro, una conversación profunda con mi psique. Especialmente, cuando me siento triste o melancólica.


Melancolía. Qué palabra. Me recuerda a esa mañana de invierno con lluvia. Ese momento frío, ese día sin luz. Ese café ausente. Esa sonrisa apagada. Esa mirada perdida. Llueve. Llueve mucho. Ya no sólo tras las ventanas de mi habitación. También llueve dentro de mí. ¿Tristeza? ¿Melancolía? ¿Dolor? Quién sabe.


Siempre he pensado que llorar es un proceso de limpieza. De pureza. Es curioso cómo, algunas veces lloramos por todo y otras, otras por nada. Al menos, no por nada concreto. ¿O sí?


Siempre que lloro siento que me vacío. De personas, de situaciones, de momentos, de etapas, de cargas que, muchas veces no me pertenecen, me vacío de todo y de nada a la vez. Lo que sí siento también, es que me lleno. Me lleno de mí, de mi esencia, de mi vulner(h)abilidad. De mí. Es una sensación extraña, como la vida misma.


Si algo he aprendido de ella (de la vida), es que constantemente perdemos. Perdemos años, perdemos amigos, perdemos momentos, etapas, perdemos a personas que nunca más volveremos a ver, besos, abrazos, perdemos tiempo preocupándonos en perder ese tiempo. Creemos tenerlo todo pero, siento decírtelo así, no tenemos (casi) nada. Así que, te voy a pedir que, no te pierdas a ti. Tu esencia. Y aquí, te preguntaría ¿Tu esencia? ¿Y eso qué es? Te invito a que te preguntes cuál es tu esencia.


La importancia de tu niña interior


Como decía…Melancolía. Una mezcla de sentimientos. Siempre que pienso en esta palabra, me viene a la cabeza: Recuerdos.

Cuando aprendí que la memoria está muy vinculada a las emociones, fue como acabar de poner la última pieza de un puzle gigantesco. Y volví a mis recuerdos, a mi niñez. A esa niña que llevo dentro; la que sale cuando quiere, la que grita, la que salta, la que llora buscando ese olor maternal inefable. Cada vez comparto más momentos con esa niña. La escucho, la mimo, la entiendo.


No sé si sabes lo importante que es conocer a esa niña interior que todas las personas llevamos dentro. Esa pequeña vocecilla anarquista en tu cabeza llena de inocencia, sin miedo, la que se tira a la piscina sin ver tan siquiera si hay agua o no.


Cuantas veces he mandado callar a esa pobre niña por el miedo teñido de la adultez. Con los años, aprendemos, nos nutrimos de experiencias pero ahí están los miedos. Y hablando de miedos. ¿Cuántas veces has querido hacer alguna cosa y sientes o has tenido la sensación de que algo te frena? Probablemente, en la mayoría de casos ese algo es miedo.


El papel del miedo en nuestras decisiones


Nuestro día a día está lleno de pequeñas decisiones que vamos tomando y en momentos vitales, se trata de decisiones muy importantes como por ejemplo; cambiar de trabajo, mudarnos, romper una relación, empezar otra de nuevo…y una larga lista en las que debes tomar partido por una opción u otra. Es aquí donde los miedos, a cualquier tipo de decisión, empiezan a tener un papel, a veces, demasiado importante.


Por un lado, el NO hacer algo ya es hacer algo, por tanto, ya estás tomando una decisión si decides no hacer nada. Y por otro lado, debes enfocar el miedo de una manera pragmática y directa para poder derribarlo. Es decir ¿Es útil este miedo? Esta emoción lleva con nosotros desde que existimos, teniendo una función principalmente adaptativa. Des de nuestros orígenes, existe el miedo como método de supervivencia para nuestra especie. Nos alerta de aquellas situaciones que pueden ser peligrosas para nosotros, pero ¿Cuándo este miedo deja de ser útil o necesario?


Cuando el miedo deja de tener una función adaptativa. Cuando ese miedo, ha sido creado por ese pepito grillo que hay en tu cabeza y te frena, te paraliza y no te dejar pensar con claridad. Cuando es un miedo que, realmente, no existe más allá de tu parte frontal del cerebro.


Salir de la zona de confort o los cambios, se consideran mayoritariamente situaciones que pueden llevarnos al peligro, pero sentir miedo al cambio dependerá únicamente de ti. Siempre que pienso en la zona de confort, me imagino un círculo en forma de casa llena de muros, llena de obstáculos. Una casa con acceso prácticamente imposible. En el que nos escondemos. Exacto. Nos escondemos. No vivimos. Sobrevivimos.


Como te decía, el miedo tiene una función adaptativa y a lo primero que te lleva es a huir o a quedarte paralizada. Pero ese miedo ¿Es real? Sí, sí. Como bien dice dijo Descartes, Tu vida ha estado llena de desgracias, muchas de las cuales, jamás sucedieron. Es decir, cuando sientas miedo pregúntate ¿Existe un verdadero peligro ante esa situación? Es aquí donde entra tu capacidad de análisis y poder de decisión. Debes saber identificar qué tipo de creencias te están causando esos miedos.


Estos miedos convertidos en creencias, te frenan y te hacen no tomar decisiones y quedarte en esa pequeña casa llena de muros en forma de miedo, llamada zona de confort en la que quizás, no te sientes realizada. Acabas siendo esclava de la inseguridad y del miedo. Piensa ¿Qué es lo peor que me podría pasar? ¿En qué no estoy confiando? ¿De qué me protejo? ¿De qué me defiendo? A ti, ¿Qué miedo te paraliza? ¿Qué miedo no te permite conseguir o alcanzar tu sueño? ¿De qué miedos quieres liberarte? Para combatir este miedo, que tan sólo hace que limitarte, paralizarte y no te permite avanzar, necesitamos confianza. Debes dejar de pensar en los factores externos y confiar simplemente en ti.


No dejes que estos miedos gobiernen tu vida, tú eres la única persona dueña de ti misma y de tus decisiones, nadie mejor que tú sabe hasta dónde puedes llegar y para ello, debes confiar en ti y creer en tus capacidades. Todos y cada uno de nosotros, tenemos herramientas que podemos usar tanto para nuestro día a día como en las decisiones vitales para afrontar estos miedos y superarlos. Cuando el miedo vaya hacia la puerta de esa pequeña casa pregúntate ¿Es un miedo real? ¿Qué limitaciones tengo? ¿Qué posibilidades existen de fracasar? ¿Qué cualidades tengo para vencer esta situación? ¿Qué es lo que realmente me impide cumplir mi meta o mi sueño? En la mayoría de casos, la respuesta eres tú misma y sólo tú puedes vencer este miedo.


El miedo es un virus y el mejor antídoto es la confianza


Una vez leí en un artículo una frase en la que decía “el miedo es un virus y el mejor antídoto es la confianza”. La aceptación de este miedo, también es primordial, ya que a veces, es necesario y nos empuja a realizar actos que quizás desde otras emociones no haríamos. Creo que lo más importante de todo es cómo usas este miedo, el significado que le das y que puedas ver si esta sensación te hace huir o te está acercando a tu objetivo.


Por tanto quiero destacar e invitarte a pensar en cómo gestionas ese miedo, en que pares y pienses qué te está haciendo sentir, qué te hace pensar y cómo te hace actuar ese miedo ante esa situación que temes. Y es aquí donde aparece la confianza, ya que, gracias a ella, ves el miedo des de otra perspectiva y sabes que siempre va a estar ahí, pero tienes herramientas para poder gestionarlo y, sobre todo, aceptarlo. El miedo es parte del ser humano y tiene el objetivo de ponerte alerta ante situaciones peligrosas o situaciones que te puedan perjudicar.


Llénate de confianza y afronta ese miedo que no te permite avanzar. Y tú ¿A qué tienes miedo? ¿Cómo lo afrontas? Quiero contarte que yo, le tenía miedo, pánico a la soledad. Y ¿Sabes qué es lo curioso? Que dejé de tener miedo cuando realmente me sentí completamente sola. Ahí me descubrí.

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