Menú para tres

Hay matrimonios que celebran sus aniversarios por amor y otros que lo hacen por costumbre. El nuestro, sospecho, llevaba algún tiempo perteneciendo a la segunda categoría.
Cada veintinueve de septiembre acudíamos al mismo restaurante japonés. Un pequeño local de Barcelona, escondido tras una fachada de madera oscura, donde las reservas se hacían con meses de antelación y las conversaciones parecían obligadas a mantener el mismo volumen que la música.
Doce años. Doce aniversarios. Doce veces pidiendo prácticamente lo mismo.
A Marcos le gustaban las tradiciones. A mí empezaban a aburrirme.
—¿Pedimos el menú degustación de siempre? —preguntó mientras dejaba su teléfono junto a la copa.




